MUERTOS DE MIEDO

Al igual que dar la mano se ha convertido en un gesto que vemos extraño, la forma de planificar y proyectar deberá recoger las nuevas rarezas para intentar hacer de la necesidad, virtud (cómo siempre ha hecho la buena Arquitectura).

MUERTOS DE MIEDO

Hace unas semanas, en mi espacio en la radio, Ciudad Salvaje, ya hablamos de todo lo que traerá este cambio a las viviendas y a las ciudades.

Las consecuencias serán, algunas obvias y otras no tanto.

Al igual que dar la mano se ha convertido en un gesto que vemos extraño, la forma de planificar y proyectar deberá recoger las nuevas rarezas para intentar hacer de la necesidad, virtud (cómo siempre ha hecho la buena Arquitectura).

 

No hay una semana en la que no aparezca en prensa un titular sobre esta disciplina.

Mejoras viarias, inversión en infraestructuras, actuaciones sobre el patrimonio…

La Arquitectura vende.

Es la parte tangible, palpable y visible de la gestión urbana y además, cuando se hace bien, es hermosa.

 

Una ciudad digna de titulares es un imán irresistible para el viajero y un refugio a exhibir con orgullo por el habitante cuando ejerce de anfitrión.

Lorca no es una excepción.

Hay mucho que mostrar y muy valioso.

Llevamos mucho tiempo deliberando.
Esperando a ver si es otro el que hace el primer movimiento.

Muertos de miedo.

Miedo a que suene raro o discordante lo que digamos.
Miedo a que alguien deje de ganar o empiece a perder si movemos tal o cual ficha del tablero.
Miedo que quienes son responsables del erario público no entiendan las propuestas.
Miedo a alterar un status quo que funciona tan bien que está descomponiendo la ciudad, consumiéndola pedazo a pedazo.

 

Al igual que sucede con el ataque de una enfermedad, mientras afecta a miembros distales no hay demasiada alarma. Se puede vivir sin un dedo meñique o sin una oreja, incluso sin un riñón…pero cuando tocamos el corazón o el cerebro, la cosa cambia.

Como muchos comentan a día de hoy, los resultados de los análisis de la ciudad son claros. Lleva en observación décadas y no parece mejorar.

Podemos seguir deliberando mientras la metástasis avanza lenta e implacable.
Podemos mirar hacia otro lado y, abatidos, agachar la cabeza, lamentándonos.
Podemos seguir haciendo el ridículo centrando nuestra atención en lo superficial (lo del corazón es grave, pintémosle las uñas).

O podríamos hacer algo.

 

Este es un discurso apologético, lo sé.
Los Arquitectos tendemos a adjudicar a la Arquitectura una omnipotencia que obvia en ocasiones la relevancia de otras muchas disciplinas indispensables como la Economía, la Comunicación o la Ingeniería.
Debemos escuchar e incluir todas esas variables en la ecuación.

Es por eso que un Arquitecto no puede hablar en singular. No por aplicar un grandilocuente plural mayestático, sino porque nunca actúa sólo. Por eso os necesitamos.

 

Creo que fue uno de los grandes pintores del siglo veinte quien dijo que la miga de pan bajo el lienzo que desvía el trazo del artista también forma parte de la obra de arte.
Un pequeño detalle puede cambiarlo todo.

Parece que ahora es el momento de poner la Arquitectura (y todo lo demás) sobre la mesa para intentar desviar esta trayectoria tan poco alentadora.

No nos equivoquemos. La pandemia nos está dejando muy clara una cosa.

No tenemos más tiempo.

 

Enrique Miñarro.
Arquitecto.
Lorquino.

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